No puedo evitar sentirme encerrada en una pequeña jaula de cristal. Realmente siempre me senti, de alguna forma así. Contemplando la vida, su color, sus imágenes, pero desde fuera, sin llegar a rozar o poder comprobar el olor de las cosas, de las personas, de los momentos. Todos los momentos tienen su propio olor… Los veo, y quiero sentirlos, pero me encuentro de frente una y otra vez con ese cristal.Un día llueve, y oigo el tintinear de las gotas de agua sobre mí. Quiero pararme bajo la lluvia, y sentir todas y cada una de las gotas que caen sobre mi piel, sobre mi pelo. Quiero mojarme, y es ahí cuando me doy cuenta de que existe ese cristal, esa pared que me separa de la vida real, y me impide vivir.Me encanta escuchar las historias de las personas de mi alrededor, de sus aventuras en la vida, en el fin de semana, el día a día. Y pienso podría ser yo esa persona, pero estoy tan lejos de serlo. Es como si un par de piedras atadas a mis pies me impidiesen caminar. Si solo fuesen mis pies…mi alma es la que está atada. Es ella junto con mi corazón los que no han aprendido a vivir. Reconozco que a veces me quedo anonadada observando a la persona que narra esas aventuras que parecen para mí, tan lejanas, y me veo sumergida en mis pensamientos de que por qué no, esa persona podría ser yo. Y siento envidia, al tener la certeza de que nunca ocurrirá. Mis días pasan y cada día siento más el peso de la culpa, de mi incapacidad para disfrutar de estos años que estoy dejando escapar. Pero es que estoy atada y no se cómo liberarme…
Rozando el limite de lo prohibido

